Ventanas atmosféricas
A comienzos de la década de los treinta los astrónomos solo estudiaban los objetos celestes a través de la luz visible proveniente de ellos. No fue sino hasta el año de 1931 en que el ingeniero Karl G. Jansky, quien entonces trabajaba para los Laboratorios Bell, hiciera un descubrimiento accidental o serendipia que traería profundas repercusiones para la forma como estudiamos el Cosmos.
Jansky se encontraba investigando las posibles fuentes de radio que interferían con las transmisiones trasatlánticas de onda corta, y para tal fin construyó una antena sobre un armazón de madera giratorio con la que podía detectar el origen de las señales de radio. Con su experimento descubrió que algunas de las ondas de radio eran emitidas por tormentas eléctricas cercanas, pero lo más importante fue que pudo detectar que otras fuentes de radiación electromagnética eran externas a la atmósfera terrestre y se originaban en la constelación de Sagitario (Sagittarius A*), en cuya dirección se encuentra el centro de nuestra Vía Láctea.

Antena de Jansky. Fuente: NRAO/AUI.
Este descubrimiento, junto a los posteriores trabajos realizados por el ingeniero Grote Reber, quien en 1937 construyó el primer prototipo de radio telescopio abrieron las puertas para que los astrónomos empezaran a interesarse por escudriñar el cielo en otras longitudes de onda y no solo en el rango de luz visible del espectro electromagnético, lo que incrementó ostensiblemente la cantidad de información que podemos obtener de los objetos astrofísicos y posibilitó muchos nuevos descubrimientos, como la observación de los Quasars (Quasistellar Radio Sources) en la década de los cincuenta.
Sin embargo, debido a que la atmósfera no permite el paso de todas las ondas electromagnéticas por igual, sino que absorbe la mayoría de longitudes de onda, incluidas la longitudes más cortas que el ultravioleta, así como la mayoría de la franja del infrarrojo, microondas y las ondas de radio más grandes, la observación mediante el uso de telescopios terrestres se vió restringida a las llamadas ventanas atmosféricas.
Las ventanas atmosféricas corresponden a las porciones del espectro que no son atenuadas o absorbidas fuertemente por la ionosfera, el vapor de agua y el dióxido de carbono, lo que permite que las señales pertenecientes a estas frecuencias alcancen la superficie terrestre con una menor atenuación. Adicionalmente a la ventana óptica existen dos ventanas atmosféricas importantes, la ventana de radio que permite el paso de frecuencias desde los 5 MHz a los 300 GHz y la ventana del infrarrojo que presenta poca absorción para longitudes de onda menores a los 4 μm. Son estas bandas las que posibilitaron la construcción de importantes observatorios de radio como el Arecibo Observatory localizado en Puerto Rico y el Very Large Array (VLA) en Nuevo México.
Para superar el obstáculo de la absorción atmosférica en las demás longitudes de onda eventualmente fue necesario poner en órbita telescopios espaciales, que permitieran hacer estas observaciones sin la restricción de la atmósfera. En la actualidad las principales agencias espaciales cuentan con telescopios espaciales que cubren todo el espectro electromagnético desde los rayos gama pasando por los rayos x y el ultravioleta hasta llegar a la ondas de radio más grandes.

Observatorios espaciales de la NASA y longitudes de onda de trabajo. Fuente: NASA DSSC.
P.S. El 31 de Marzo de este año (2012) el VLA fue renombrado por la NRAO como “Karl G. Jansky Very Large Array” en homenaje a quien es considerado uno de los fundadores de la radioastronomía.
Un universo de la nada
La semana pasada hice un grato descubrimiento en la red. Se trata de una conferencia dictada por Lawrence M. Krauss en el marco de un ciclo de charlas patrocinadas por la Richard Dawkins Foundation en el año 2009. Krauss es físico teórico y profesor de la Universidad Estatal de Arizona. Es más conocido por su libro, The physics of Star Trek, publicado en 1995, en donde discute conceptos físicos de la famosa saga de ciencia ficción.
La conferencia tiene por título A universe from nothing, y en ella da una descripción bastante amplia del estado del arte en cosmología, de las predicciones acerca del futuro del universo, y las condiciones en las que se pudo dar su origen, al tiempo que intenta responder una pregunta fundamental: “¿Por qué existe algo en lugar de nada?”
Lo que más me llamó la atención es que esta semana volví a encontrar una referencia a Krauss. Esta vez en el artículo “Much ado about nothing” de la Scientific American (Mayo 2012, página 72). Me enteré que a principios de este año publicó un nuevo libro, para mi sorpresa con el mismo título de esta conferencia. En el libro desarrolla los mismos temas con mayor profundidad.
La conferencia con subtítulos en español también puede ser vista aquí.
Arte poética
Mirar el río hecho de tiempo y agua
y recordar que el tiempo es otro río,
saber que nos perdemos como el río
y que los rostros pasan como el agua.
Sentir que la vigilia es otro sueño
que sueña no soñar y que la muerte
que teme nuestra carne es esa muerte
de cada noche, que se llama sueño.
Ver en el día o en el año un símbolo
de los días del hombre y de sus años,
convertir el ultraje de los años
en una música, un rumor y un símbolo,
ver en la muerte el sueño, en el ocaso
un triste oro, tal es la poesía
que es inmortal y pobre. La poesía
vuelve como la aurora y el ocaso.
A veces en las tardes una cara
nos mira desde el fondo de un espejo;
el arte debe ser como ese espejo
que nos revela nuestra propia cara.
Cuentan que Ulises, harto de prodigios,
lloró de amor al divisar su Itaca
verde y humilde. El arte es esa Itaca
de verde eternidad, no de prodigios.
También es como el río interminable
que pasa y queda y es cristal de un mismo
Heráclito inconstante, que es el mismo
y es otro, como el río interminable.
Jorge Luis Borges.
Llueve en silencio, que esta lluvia es muda…
Llueve en silencio, que esta lluvia es muda
y no hace ruido sino con sosiego.
El cielo duerme. Cuando el alma es viuda
de algo que ignora, el sentimiento es ciego.
Llueve. De mí (de este que soy) reniego…
Tan dulce es esta lluvia de escuchar
(no parece de nubes) que parece
que no es lluvia, mas sólo un susurrar
que a sí mismo se olvida cuando crece.
Llueve. Nada apetece…
No pasa el viento, cielo no hay que sienta.
Llueve lejana e indistintamente,
como una cosa cierta que nos mienta,
como un deseo grande que nos miente.
Llueve. Nada en mí siente…
Fernando Pessoa.
Versión de Ángel Crespo.
He querido marcharme. Lo confieso…
He querido marcharme. Lo confieso.
Dejar esta tristeza sin quejidos
y buscar un dolor sin retroceso
que me peine el cabello con gemidos.
He querido arrancarme este gran peso
de tener los dos brazos encogidos
y no saber si voy o si regreso,
porque tengo los ojos entumidos.
Sin embargo, lo digo, me da miedo.
Hay llantos que me apuntan con el dedo
desde todos los sitios de tristeza.
Por eso aquí me tienes, recostado,
con el dolor pequeño y arrugado
mordiéndole la punta a la pereza.
Jorge Debravo.
Abril 7, 2012
Existen cosas que quisiéramos inmutables, imperecederas. Hay otras cosas que desearíamos cambiaran siempre y para bien.
Sé que los sentimientos son volátiles como una llama, más inconstantes que la brisa, etéreos. Sé que vivimos en un universo que se alimenta de los cambios. Sé que tal vez tu corazón ya no siente la mismas cosas. Sé que no llegaré a ser todo lo que quiero ser ni soy todo lo que tu quisieras que fuera. Sé que son más los eventos caóticos que nos tienen a su merced que aquellos que podemos controlar.
No sé, y solo espero, que la dirección en la que sopla el viento de tu corazón me siga siendo favorable.
Reminiscencia
Un par de años atrás, en los parqueaderos de la Universidad de Antioquia, a la salida de una clase sabatina de astrofísica en el bloque de Ciencias Exactas…
Camino rápido, más de lo usual, como si huyera de alguien. Miro hacia atrás pero no hay nadie. Siento una terrible desolación, como si las noticias del fin del mundo me hubieran sido reveladas, una espantosa opresión en el pecho, como un peto de plomo, y una tristeza infinita, astronómica, y la soledad… Acelero el paso, me doy cuenta de que estoy llorando y agacho la cabeza instintivamente, no quiero que me vean. “Maldición, no puedo llorar, no puedo llorar, prometí no volver a llorar.”
“¿Pero qué me pasa? ¿Fue acaso algo de lo que escuché en clase? ¿Algún aspecto de la evolución estelar? ¿Algo relativo a la clasificación de las galaxias? ¿O será acaso la excentricidad de la órbita de alguno de los planetas? No, no, no, claro que no, nada de eso, sólo son puras tonterías.”
Hoy día me atrevo a pensar que tal vez, y sólo tal vez, sentí que la gran soledad y aislamiento que se deben experimentar en el vacío e inmensidad del espacio no tienen comparación con mi propia soledad.
Me seco las lágrimas, salgo de la academia y me dirijo a la estación del metro…
Julio 23 de 2008.
